Después de ver el video (compartido por Sinergia Educativa),
donde Rita Pierson, maestra durante 40 años, narra que alguna vez escuchó a una
colega decir: “no me pagan para querer a los niños”, a lo que ella respondió: “los
niños no aprenden de la gente que no les gusta”, debo decir que francamente me
puso en qué pensar.
Aunado con la lectura del blog Liderazgo Hoy de Víctor Hugo
Manzanilla, específicamente en su artículo BENEFICIOS DE SER AGRADECIDO, he ido
llegando a varias reflexiones que quiero compartir.
Los que tenemos la oportunidad de dar clases, y aún más con
niños como es mi caso, a veces prestamos demasiada atención en los procesos,
formas, métodos en que un conocimiento debe ser apropiado o aprendido, y
dejamos de lado que en realidad, además de ser profesionales de la educación,
somos personas que compartimos momentos, días, semanas y a veces casi un año en
la vida de esos alumnos.
Deberíamos poner más atención en la forma en que nos
relacionamos con los alumnos y, en este punto, debo aclarar que nunca dejará de
ser una relación entre maestro y alumno, pero puede más afectiva y efectiva.
La labor de un docente, e incluso la labor de los padres de
familia que se preocupan por educar mejor a sus hijos, se fortalece cuando
atendemos a la forma en que establecemos una relación de respeto, apertura y
libertad hacia el alumno. Eso de ver, y
hacer ver al alumno, su alta valía, resaltando casi siempre que el vaso está
medio lleno, sobre todo en los primeros años de la vida estudiantil, es una
forma de fortalecer áreas de autoestima y crecimiento personal en ellos;
obviamente sin dejar de lado la realidad, de que cuando una cosa va mal, debe
atenderse, evitando con ello que los alumnos tengan elementos para ser personas
arrogantes y sin autocrítica.
Deberíamos constantemente alentar al alumno, y a considerar
esta función como primordial en nuestra labor docente, la libertad del alumno
de hacer o no hacer algo, se va fortaleciendo con esas pautas de “puedo
hacerlo”, “soy valioso”, “me equivoqué, pero no fue un fracaso”, “hoy aprendí algo
que no debo hacer”, “hoy triunfé gracias a que decidí”, “hay personas con más y
menos cosas que yo, agradezco las que yo tengo”, entre otras.
El día de hoy, les propuse una actividad, al iniciar la
clase cerraríamos los ojos y yo iniciaría con un agradecimiento, a lo que
fuera, resaltando lo más simple o común, como poder caminar, respirar, tener
familia, un lugar donde dormir, lo que sea, una vez terminando yo diría
enfáticamente GRACIAS, dando paso a que los alumnos participaran de la
actividad. Yo no sé si ellos realizan
esta actividad en su casa y tal vez este haya sido un acercamiento más a la
idea de gratitud, pero fue gratificante escuchar “gracias porque tengo una
mochila”, “gracias por mis primos, mis tíos”, “gracias porque puedo jugar con
mis abuelos”, … Luego de este tipo de
actividades, seguro en adelante será más significativo decirnos gracias y
habremos mejorado nuestra relación con el grupo que tenemos.

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